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Dá-dáñame

Necesito hacerme daño. Y no tengo a nadie quien me mate, ni un poquito siquiera. Es curioso, cuando me pongo así no hay ni un número que marcar, no hay una sola dirección a donde dirigirme… y en vez de eso, enciendo un cigarrillo y comienzo a mandarte mensajes de humo, Alejandra, ¿qué estas haciendo ahora cuando yo me siento como mierda? Probablemente estés con él, jugando Play Station o llevándolo a la fuerza a alguna exposición de pintura. Sé que se divierten. Sé que tú te diviertes. Todo es menos complicado ¿verdad? Como me lo susurraste esa noche en el Mirador: se trata sólo de abrir las piernas y cerrarlas después. Estábamos ebrias y hablabas de sexo como profesora de religión. Una religión diferente claro, como tú, porque para ti las cosas las creo de nuevo, las cambio, las recreo, las cojo del aire y las mezclo con el olor de tu perfume, hasta que tengan esa consistencia tan tuya y pueda al fin explicártelas, para que las cosas normales sean cosas nuestras, entendidas solo por las dos y devoradas sólo por nuestras mentes.
Alejandra, ¡si tan sólo tuviera ganas de irte a buscar…! En vez de eso, me ahogo con el humo de los interminables mensajes que te envío, y fumo esa canción que pide a alguien que cuide de mi, que quiera matarme y se mate por mi… y me adentro en el pasado para extraer algún recuerdo que pueda cambiar por futuro, porque el presente lo vivo en las letras azules que caen de mis dedos, aunque siga sin saber muy bien que hacer con ellas… a veces, las exprimo y hago un montoncito de blue para que combine conmigo. Otras, las dejo caer sin ton ni son por las callecitas de San Blas por donde caminábamos, o las vierto en las jarras de los vinos que invito a nuevas muchachitas, todas imaginarias, todas creadas por mi para darte viscerales dolores de celos, que también son imaginaciones mías. Porque no te importa. Porque hoy que me siento como mierda no hay una tú que sepa leer el humo de uno de mis cigarrillos.

Melissa Tristessa

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Intoxicada

“Mátame -J- mátame “.

Al anochecer volví a pedírselo, le canté una canción de Rafo, lo miré con ese odio hermoso, el mismo que él distrajo en los labios y entre mis líneas cortadas, lo deseé una vez más, se dio cuenta y quiso quererme a mil por hora, pensé que así el aire sería menos denso, así el romance sería menos denso, así mi tristeza sería menos densa…

Sin embargo todo estaba empezando a molestarme, era una picazón insoportable, esa nostalgia de no-sé-qué, esa confusión de palabras, ese gran espejo en mi habitación, esa depresión auto-inducida, esa peli francesa, esa alergia al níquel, esa ropa interior de encajes, ese amor de mi vida a mi costado…todo era parte de una hipocondría adolescente, parte de lo pringada que puedo despertar en febrero.

Otra vez se queda en mi cama, siempre al lado derecho, le doy la espalda y me distraigo en el espantoso espejo, en las distorsiones que me creo cuando escucho su disco, él quiere enredarse en mis encajes, pero no se lo permito, pienso en todos aquellos, en extraños, en marcianos, en guitarristas, en mis padres, en poetas, en mensajes, en silencio.

–Debería querer matarme, por lo que sea, debería desear hacerlo-

Al día siguiente, volví a decírselo, eran las 4.55 a.m. Y cuando él está cerca el insomnio se me cuelga, cuando él está tan cerca quisiera que se muera, y a veces, solo que quiera matarme.

Es que soy la novia que nadie quisiera, y él lo sabe, y no lo quisiera.

Pues soy alérgica, soy alergia.

(Y es contigo que me intoxico)

Lena Orduña
Extraido del blog Fulana.