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Los más pobres nuestros maestros

Quiero reflexionar sobre la importancia de asumir como un principio de nuestra acción en la construcción del Movimiento en América Latina, la afirmación: “Los más pobres nuestros maestros”.

Responder a la interrogante, Cúal es la importancia de considerar a los más pobres nuestros maestros? me lleva a plantear las siguientes apreciaciones.

Solo los más pobres nos pueden proporcionar el conocimiento, para construir una sociedad sin excluidos; porque en su vida encontramos la lucha constante contra la adversidad, por sobrevivir y sacar adelante a sus hijos. Si queremos hacer realidad una sociedad a partir de los más pobres, necesitamos de los conocimientos que ellos poseen.

Este principio nos permite conocer de manera objetiva la realidad de los más pobres, como nos enseña el Padre Joseph, nuestra acción debe fundarse en lo que piensan, sienten y desean los más pobres. No podemos ignorar su conocimiento e impornerles nuestras ideas o concepciones, porque ello lleva al asistencialismo y al paternalismo, que no resuelven el problema, solo sirven para soluciones momentáneas y para hacerlos dependientes de nosotros.

Conocer la miseria desde los más pobres, nos permite comprender que ellos no son los únicos responsables de lo que les pasa; que todos de alguna manera tenemos responsabilidad en este problema. Tomar a los más pobres como nuestros maestros, nos permite tener experiencias que nos ayudan a conocerlos de manera más profunda.

Asumir a los más pobres como nuestros maestros, significa que pensemos bien en nuestra actitud para con ellos; porque la actitud que les demostremos permitirá, ya sea, que nos acerquemos o nos alejemos más de ellos. Es por esto muy importante, que nuestra actitud sea de humildad y ella debe ser una decisión consciente, personal y no forzada.

La experiencia de la comunidad de Kuyo Grande junto a familias del Cuarto Mundo, me ha enseñado que es fundamental para que compartan con nosotros su experiencia, que tengamos una actitud de humildad; pues son ellos quienes nos han de enseñar a conocer y comprender su realidad. Nosotros no podemos asumir una actitud de superioridad, porque en el ámbito en el cual ellos se desenvuelven, en muchos casos no tenemos ninguna experiencia o conocimiento, pues ellos son los grandes conocedores de su mundo. Esta actitud de humildad, nos permitirá sentirnos identificados con sus vivencias y problemática; de esta manera podremos ser aceptados entre ellos.

El tiempo que viví en la Comunidad de Kuyo Grande, aprendí muchas cosas de estas familias, ellos me enseñaron el valor con el cual enfrentan las diferentes dificultades que se les van presentando, comprendí que muchos de mis problemas son pequeños y fáciles de resolver frente a los problemas que ellos tienen.

Comprendí también que si prestamos atención a lo que dicen o hacen, podemos recoger de ellos toda una vida rica de experiencias, llena de fuerza y voluntad por vivir mejory progresar, esto lo vi en el esfuerzo y preocupación por hacer que sus hijos o hermanos menores estudiasen. ASí, recuerdo mucho cuando cierto día durante el curso vacacional en la comunidad, vino uno de mis alumnos de 10 anos, con lágrimas en los ojos acompañado de su hermana mayor, una joven de unos 23 años, y me contó que lo había encontrado jugando, me preguntó por su asistencia y rendimiento; le dije que era la primera vez que había faltado, y que tenía un rendimiento regular; me comentó que ella estaba a cargo de su hermanito , ya que sus padres habían fallecido, y me pidió con mucho interés que le prestase más atención y si presentaba mal comportamiento me autorizaba a corregirlo.

Debo terminar señalando, que leyendo al padre Joseph y compartiendo con las familias más pobres de Kuyo Grande, aprendí que son los más pobres los que nos enseñan el camino a su liberación.

Karely Paredes
Texto extraido del libro “Dimensión Histórica del Padre Joseph Wresinski en la contrucción de una sociedad a partir de los más pobres”. ASPE ATD Cuarto Mundo. Cusco, 1998.

Día del Idioma Nativo… ¿Algo que celebrar?

El 27 de mayo se celebra el Día del Idioma Nativo en el Perú. Se supone que fue creado para revalorar o reconocer las lenguas indígenas. Pero desde su institucionalización hace 33 años (1975) muy poco o casi nada se hizo desde el Estado para promover “de verdad” la diversidad lingüística, salvo algunas medidas tibias como la llamada “Ley de Promoción y Preservación de las Lenguas Aborígenes” que jamás se llegó a reglamentar, o la educación intercultural bilingüe de mala calidad para algunos sectores de hablantes de lenguas indígenas, principalmente en el nivel primario que implementa el Ministerio de Educación.

Los que hablamos otras lenguas que no sea el castellano o el inglés como herencia de nuestros antepasados dueños de estos territorios, nos sentimos extraños en nuestra propia tierra; porque sus instituciones no nos representan, no nos toman en cuenta; al contrario, hacen lo imposible para anularnos, para hacernos avergonzar de nuestras expresiones, de nuestras hablas, también de nuestros modos de vida.

Lamentablemente no tenemos nada que celebrar, porque no visualizamos la voluntad política de nuestros gobernantes; no tenemos, por ejemplo, una verdadera Ley de Lenguas, las políticas educativas, por ejemplo, siguen siendo “nacionales” y lo “nacional” para nosotros es sinónimo de “uniformidad” , “homogenidad”.

No entendemos cómo se siguen haciendo las evaluaciones “nacionales” y en castellano para los niños y niñas, docentes y postulantes para docentes en educación intercultural bilingüe. No tenemos nada que celebrar cuando nuestros territorios serán rematados a empresas privadas, lo que indica que nuestras vidas no valen nada, pero sí los recursos naturales para la voracidad del mercado.

Cuánto quisiéramos los amazónicos, aymaras, jacarus y quechuas que seamos reconocidos, legitimados por el Estado desde el nivel más cercano (postas, escuelas). Que una municipalidad distrital estimule a quienes hemos conservado por miles de años una sabiduría ancestral y que hoy aporta a la lucha contra el hambre, contra la contaminación; a quienes hemos conservado nuestros nombres y apellidos de nuestros padres y madres, etc.

Cómo quisiéramos que nuestros hijos aprendan con alegría a partir de lengua de la familia, de la comunidad; cómo quisiéramos que en las postas médicas y en los hospitales nos traten igual que tratan a los que hablan bien o muy bien el castellano y mejor si nos atienden en la lengua que hablamos.

Los maestros bilingües, asociados en la Asociación Nacional de Maestros Bilingües (ANAMEBI) saludamos la resistencia de nuestros pueblos, de sus ancianos, ancianas, varones y mujeres, principalmente de sus mujeres, por preservar la cultura y la lengua, depositarias de los conocimientos y la sabiduría y que siguen legando a las futuras generaciones. A ellas y ellos nuestros verdadero homenaje.

Renovamos nuestro compromiso por contribuir al fortalecimiento y reafirmación cultural andino-amazónico desde la escuela donde nos toca enseñar, aunque son aún muchos los colegas que siguen sirviendo de instrumento a este sistema.

Sin embargo, abrigamos la esperanza de contar con hermanos y hermanas cada vez más comprensivos y comprometidos por reinvindicar los derechos colectivos como los educativos, lingüísticos y culturales. Este movimiento vendrá desde los propios pueblos, desde las provincias, desde las regiones.

En este marco saludamos también a los Gobiernos Regionales de Ayacucho y Cusco por haber oficializado algunas lenguas indígenas de su ámbito. Ello es muestra clara que estamos a puertas de un inevitable cambio de favor de los pueblos originarios, históricamente marginados.

¡Vivan las lenguas indígenas andinas y amazónizas!

Óscar Chávez Gonzales es Presidente de la Asociación Nacional de Maestros Bilingües del Perú (ANAMEBI).
Extraido de Servindi.