Le Rot

Sentía que las frazadas le aplastaban, sabia que eran pocas, pero se sentía tan débil y cobarde de salir de ahí debajo, protegido, pero a la vez se sentía ahogado, sin aire y con el pecho que le aplastaba como cuando una extraña sombra se le aparecía en sueños, cuando era aún más joven. Luchaba con todas sus fuerzas pero sabia que perdería así que se dejaba llevar, hasta despertar, pero siempre era un falso despertar, esos de los que sigues en el sueño, renovándose el ciclo, y en todo caso el pánico se volvió “normal”, tanto como cuando estaba despierto como cuando no.

Pero hoy era diferente.

Desperté, me había quedado dormido en la mesa de una tienda, de las que abren 24 horas o 365 días, cada  4 años 364. El estaba parado, comprando agua y una botella de ron. Aún un poco confuso por su sueño o por el mío le vi saliendo y el dueño me decía que no le deje salir, pero era tarde. Salió del mostrador y me dijo que mi amigo estaba loco, dijo que se mataría, “alcánzalo muchacho”.

Salí a la puerta, pero todavía no me recuperaba. Todo era aún confuso para mi, primero traté de ubicarme pero no reconocía la calle, así que busqué la marca donde decía el nombre, y ahí estaba en la esquina, Le Rot, ¿qué diablos era Le Rot?, en estas épocas de confusión y guerra nada te puede producir extrañeza pero, ¿qué diablos era Le Rot?, ¿de dónde  salió esta bendita calle?.

Miré hacia la derecha por donde se había ido él,  me pareció verlo a lo lejos, pero en mi estado todo me “parecía”, así que decidí comprobar a la izquierda y también me pareció verlo, y es que en esta época todos nos parecemos a todos, la miseria es así, vernos reflejados en otros, los pocos que quedamos para mirarnos.

Tal vez tuvo otra vez la pesadilla y entró en pánico, esa la que me cuenta siempre. Volteé hacia el tendero y le pregunté por donde se había ido. “Seguro  al puente, todos piensan que no les dolerá”. Le miré con extrañeza por lo que había dicho, pero él supuso otra cosa y me dijo “a la izquierda, muchacho, a la izquierda”, por  lo menos me sacó de la desorientación.

Le pedí una botella una botella de ron y él me atendió con gestos que hacían notar claramente que desaprobaba lo que hacia. A todo esto le dije “él llevaba también una botella y agua, no creo que piense en matarse así de rápido”, y le sonreí, el sólo dijo “ve chico, no es momento de bromas”.

Salí a la calle no sin antes voltear, el tendero entendió y  volvía a señalarme a la izquierda. Abrí la botella confiando que a él le tomaría más tiempo con la bebida ya que la mezclaría con agua, tomé dos sorbos largos y sin hacer el menor gesto caminé más rápido en el sentido del tropiezo literal y figurativamente.

Era como si por los años él se había fundido en mí o era al revés, pero no podía dejar que muera o por lo menos no solo.

La calle Le Rot era larga y confusa, en el  hecho que las fachadas cambiaban de ampulosas y lujosas a viejas y sin gracia hasta llegar cerca del puente en  donde una lata de sardina se daría cuenta del desastre de su destino.

Y el destino de la calle era el puente Le Rot, mínimo de longitud; nada alto, lo suficiente, creo, para matarse, o sobrevivir por las múltiples infecciones -que te daría un río tan maloliente y bajo-, algo tullido, algo sin gracia.

Parado, apoyándose en la baranda, más viendo el horizonte del rio, que era una finísima línea negra, que el horizonte del cielo que en esta época se podría decir límpido aunque es gris, estaba él.

Me paré a su lado fingiendo que veía lo mismo que él.
–    ¿Qué haces?
–    Nada. – y alcanzándome  su botella siguió- ¿Tomas?
–    Tengo la mía.
–    Tuve una pesadilla.
–    Lo sé.
–    No era la misma.
–    ¿Así?- volteé a mirarlo a la cara, estaba triste.
–    Sí,…  esta vez me pudría.

Ya nadie habló, seguimos bebiendo cada uno de su botella.

dios necesita un nuevo nombre

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One response to “Le Rot”

  1. Elvis Portillo says :

    todos encontramos el mismo espacio o el nos encuentra – la desorientacion

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