Javier Heraud

A pesar del tiempo…

Levantó las manos en señal de rendición y una veintena de balas atravesó su corpus hace ya 45 años en Madre de Dios, donde algunas semanas atrás resucitó para regresar a Lima y al recuerdo de kienes lo habían olvidado. La “pujante” clase media fraguó con su hipocresía y arribismo el contundente carácter, compromiso y pasión con el ke Javier Heraud sepultó su nombre ante un tronante río, eso sí, desde la otra orilla, la de los desposeídos, los humillados de siempre y aún los de ahora, no sin antes haber asomado sus ojos al mundo en un pekeño paseo zigzagueante entre el rojo y el rojo. La historia tiene sazón a crucigramas, nos vemos hoy ante los ojos del destino. Niega todo y serás feliz. Triste. Solo dios y los imbésiles son felices, por ke mientras el sentido de indignación siga presente en nuestras vidas, ni el llanto ni la alegría coronarán nuestras expectativas, la acción se fundamente en la dignidad de nuestros actos y nuestro pensamiento. Habitamos un país en guerra, las armas son otras, el agresor se deja ver solo al asomar las uñas podridas, señala, apabulla y condena; aún así somos el corazón de las montañas, por eso mismo les será imposible enterrarnos, nuestro grito es un silente rechazo. La proclama trasciende al verbo y de por sí existir es el pie de lucha con el cual hacemos retroceder a este sistema creando una ruta alterna. El camino encontró las letras de este joven poeta peruano hacia los 60s’ – su pulso febril – elucubró una sentencia posterior “no me río de la muerte, pero no tengo miedo de morir entre árboles y pájaros”. Debo aceptarlo yo tengo miedo de morir, de -morir sin haber hecho nada- antes de ke el tiempo nos condene y nuestros restos se estacionen junto al de otros cadáveres. Algo más de nosotros todavía no es suficiente. El recuerdo, eco en el corazón.

Pavel Ugarte
Desde algún lugar del Perú
Mayo -2008

Poema

Mil países que
yo no conozco
mil est:rellas y
túneles,
mil países y pueblos,
mil y un puentes
incontables,
desconocido país:
en tus puertas ya
me siento torturado,
en tu boca ya me
siento masticado,
en tus ríos ya
me siento ahora
y siempre y nunca
ahogado.

Javier Heraud

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