sin tratar de entender el rojo de tus ojos volaba mi llanto hacia el paraíso perdido en nuestros recuerdos de niños bobos enlodados, la panacea de tus labios era, sin duda, una lágrima mía, la más salada, la más maldita. espera, me decías cada mañana al despertar, espera maldita sea, repetías ofuscada mientras yo trataba de encontrar la puerca felicidad de nuestra oscuridad. recuerdos, putos recuerdos que nunca entenderán tus ojos rojos.

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