El silencio dominaba el momento. El cielo nunca había estado tan despejado, menos ahora que llueve a diario. Esbozo una sonrisa. Sonrie.

– Sólo una sonrisa salvará al mundo, le dije.
– ¿Tu crees?, respondió incrédula pero tomándolo a juego.
– ¿Nunca sentiste que lo único que necesitabas para sentirte bien era una sonrisa?
– ¿Nunca sentiste que la soledad te hace sentir vivo?, dijo mientras partia rumbo al atardecer.

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